The Chronicle of the Last Bloom

7.8 — El hilo que tembló otra vez

  • Next Chapter

Eremos no supo, en el momento exacto en que ocurrió, cuánto tiempo llevaba Vesalia fuera. Solo supo que, en mitad de una misión cualquiera, algo tiró de él desde un lugar que no era la misión misma.

El Heartthread no le dio detalles. Nunca se los daba. Pero esta vez el temblor era distinto al que había sentido la noche en que ella murió por primera vez, aquella violencia repentina, casi eléctrica, que lo había hecho caer de rodillas en mitad de todo. Esto era otra cosa: un temblor bajo, sostenido, casi como el zumbido de una cuerda tensada durante demasiado tiempo, a punto de perder su nota sin llegar a romperse del todo. No era el sonido de alguien muriendo. Era el sonido de alguien apagándose, despacio, en algún lugar que él no podía ver.

Terminó la misión con una prisa que no era propia de él — Eremos, que había aprendido a lo largo de siglos a moverse con la paciencia deliberada de algo que creció en vez de construirse, cruzó aquella pocket-world hacia la salida con una urgencia que sorprendió incluso a su propio cuerpo. Salió de la misión, sintió el hilo de nuevo, más débil ahora, y echó a andar en la dirección que el hilo le señalaba, sin saber todavía qué iba a encontrar al final del camino.

Caminó durante lo que le pareció mucho tiempo, por tramos del Between cada vez más vacíos, hasta que el paisaje se volvió exactamente el tipo de lugar que ya conocía demasiado bien: piedra pálida, cielo gris uniforme, un silencio tan completo que el sonido de sus propios pasos parecía una intrusión.

Y entonces las vio.

Dos siluetas, tendidas juntas sobre la piedra, dormidas — o algo parecido al sueño, en un mundo donde el descanso nunca era del todo descanso. Una de ellas era Vesalia; la reconoció de inmediato, no por ningún rasgo visible, sino por esa certeza que solo da el Heartthread, la manera en que su presencia se sentía distinta a cualquier otra en el mundo. La otra era una silueta que no conocía, más pequeña, acurrucada contra la primera con un brazo todavía extendido en un gesto protector que ni el sueño había deshecho del todo.

The genuine version of this novel can be found on another site. Support the author by reading it there.

No supo, en ese momento, cuánto tiempo llevaban así. No supo, tampoco, que aquella silueta desconocida se llamaba Faelia, ni que con el tiempo llegaría a ser una pieza más de la familia extraña y enorme que él había ido construyendo a su alrededor. Solo supo, mirándolas, que algo en aquella escena le recordaba, con una fuerza que le apretó el pecho, a otra escena mucho más antigua: una colina de piedra pálida, una silueta inmóvil esperando el sol, y él mismo, siglos atrás, descubriendo que a veces lo único que hace falta para salvar a alguien es no dejarla sola un segundo más de lo necesario.

Se acercó despacio, con el mismo cuidado con el que se acerca uno a algo que podría romperse si se mueve demasiado rápido. No las despertó de golpe. Se arrodilló junto a ellas, y con una delicadeza que era, en el fondo, la misma delicadeza con la que años atrás había envuelto a un tallo sin voz en sus propios brazos vegetales, sin saber todavía que ese gesto sería el primero de una vida entera de gestos parecidos, las levantó — a las dos, una tras otra, con el cuidado exacto que exige cargar con algo que ya ha sido demasiado frágil durante demasiado tiempo — y las llevó consigo.

No hacia ningún otro rincón del Between. Las llevó hacia el único lugar donde el sol era real, donde la calidez no dependía de ninguna misión ni de ningún límite de tiempo: el Fragmento de Mundo.

Vesalia no despertó del todo durante el trayecto. Faelia, en algún punto, abrió los ojos lo suficiente para entender, con esa misma sensibilidad que la había llevado hasta Vesalia en primer lugar, que la silueta que las cargaba no representaba ningún peligro — que, si acaso, era exactamente lo contrario: alguien que, por razones que ella todavía no comprendía del todo, llevaba buscando a la mujer que dormía en sus brazos desde hacía más tiempo del que ninguna de las dos podía imaginar.

Eremos no dijo nada durante el resto del camino. No hacía falta. Caminó, con las dos siluetas más frágiles que había cargado en mucho tiempo, hacia el único sitio del mundo entero donde alguien podía, por fin, sentir el sol sobre la piel sin tener que ganárselo primero con una misión.

If you find any errors (non-standard content, ads redirect, broken links, etc..), Please let us know so we can fix it as soon as possible.

Report

Use arrow keys (or A / D) to PREV/NEXT chapter