Sheijuu. [Español]

Capítulo 30: Lo que el agua se lleva.

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# Capítulo 30

## Lo que el agua se lleva

Pasó una semana más en el archipiélago. Ya no por necesidad, su Escencia hacía días que estaba llena de nuevo, ni por indecisión tampoco. Simplemente porque, en algún momento de aquellos días, dejó de sentir la urgencia que normalmente lo empujaba de un lugar a otro sin detenerse demasiado. La urgencia seguía ahí, pero ya no pesaba como antes. Era más un recordatorio que un imperativo.

—Tendremos que irnos pronto —dijo Majull, una mañana, mientras Sheijuu observaba el horizonte desde lo alto de uno de los acantilados. El viento movía su cabello y la capa que llevaba sobre los hombros, y el mar abajo se extendía infinito y azul, con pequeñas manchas blancas donde las olas rompían contra los arrecifes distantes.

—Lo sé.

—¿Cuándo?

Sheijuu no respondió de inmediato. Se quedó mirando el horizonte, sintiendo el viento en su rostro, el olor a sal y a algo más profundo, más antiguo, que no podía nombrar. Un par de aves marinas, de alas largas y estrechas, planeaban sobre el acantilado, describiendo círculos lentos y perezosos antes de perderse en la dirección del sol.

—Cuando deje de sentir que todavía hay algo que ver.

Aquello no tenía un plazo concreto. Y ambos lo sabían. Pero llegó, finalmente, una tarde tranquila, sin tormenta, sin urgencia, sin ningún evento que marcara el momento como especial. Sheijuu simplemente se sentó en la misma playa donde había aterrizado semanas atrás, con la arena aún tibia por el sol de la tarde, y observó el mar. El canal entre las dos islas seguía vacío aquella tarde, sin rastro visible de la manada que había observado durante semanas. Probablemente habían continuado su ruta hacia otras aguas, otros canales, otras islas que Sheijuu nunca llegaría a conocer.

Pensó en aquello con una calma extraña. No tristeza exactamente. Algo más parecido a la aceptación tranquila de que algunas cosas, simplemente, continúan existiendo sin necesidad de que nadie las observe para hacerlo. Había visto a las criaturas moverse en grupo, protegerse mutuamente, comunicarse con sonidos que no entendía. Y sabía que seguirían haciéndolo mucho después de que el partiera.

—Majull.

—¿Sí?

—¿Crees que estas criaturas recuerdan a los que se van? ¿O simplemente siguen adelante como si nada hubiera pasado?

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El guardián tardó en responder, y Sheijuu notó que estaba considerando la pregunta con más cuidado del habitual.

—No lo sé —dijo finalmente—. Seguro que lloran a sus muertos de alguna forma, tiene la inteligencia necesaria. Pero sospecho que no necesitan recordar. No de la forma en que lo hacemos nosotros. Para ellas, el presente es suficiente. El pasado no pesa igual.

Sheijuu no dijo nada. El sol comenzaba a descender, y el mar se teñía de tonos naranjas y rosados que se reflejaban en las pequeñas olas que lamían la orilla. Se puso de pie, sintiendo la arena moverse bajo sus pies, y decidió que ya era suficiente. Había visto lo que necesitaba ver. Había sentido lo que necesitaba sentir. Y ahora era momento de seguir adelante.

—¿Listo? —preguntó Majull.

—Casi.

Se quedó allí un rato más, observando el canal vacío, la línea del horizonte donde el mar y el cielo se encontraban sin una frontera clara. Y entonces, justo cuando comenzaba a reunir la Escencia necesaria para el salto, lo escuchó. Un bramido. Lejano. Apenas perceptible sobre el sonido de las olas. Giró la cabeza hacia el canal. No vio nada. Ninguna forma gris rompiendo la superficie. Ninguna criatura visible entre las dos islas. Solo el sonido, viajando sobre el agua desde alguna distancia que no podía calcular con precisión, mezclándose con el viento hasta volverse casi indistinguible del resto del paisaje.

—¿Escuchaste eso? —preguntó, sin estar completamente seguro de por qué la pregunta le parecía importante.

—Sí.

—¿Crees que...?

No terminó la pregunta. No sabía cómo terminarla.

—No lo sé —respondió Majull, con una honestidad que no intentó disfrazar de nada más—. Podría ser la misma manada. Podría ser otra distinta. Podría no significar nada en absoluto, más allá de ser el sonido normal de un océano que existía mucho antes de que tú llegaras y que seguirá existiendo mucho después de que te vayas. O podría ser una despedida. Al final, no importa mucho qué sea. Lo que importa es que lo escuchaste, y que decidiste escucharlo.

Sheijuu permaneció inmóvil un momento más, escuchando. El bramido no se repitió. Y nunca sabría, con certeza, si aquel sonido había sido una despedida, una coincidencia, o simplemente el eco distante de un mundo que continuaba su curso sin necesidad de reconocer su presencia. Decidió, en algún rincón silencioso de su mente, que prefería no saberlo con certeza. Algunas cosas eran mejores así. Sin respuesta clara. Sin necesidad de una.

—Ahora sí —dijo finalmente.

La Escencia se concentró a su alrededor. El espacio comenzó a doblarse. Y la última imagen que conservó del archipiélago, justo antes de que el salto lo arrancara de aquel mundo por completo, fue la del mar azul turquesa, brillando bajo un sol que nunca llegaría a conocer del todo, extendiéndose hacia un horizonte que continuaría existiendo exactamente igual, con o sin testigos. Una pequeña sombra se movió en la distancia, apenas un punto oscuro sobre la superficie del agua. Sheijuu no supo si era una de las criaturas o solo su imaginación. Pero decidió que, fuera lo que fuera, estaba bien.

El espacio se cerró detrás de él, y el archipiélago quedó atrás, con sus corrientes de luz y sus bramidos y la promesa de que, en algún lugar del universo, seguía existiendo algo que no necesitaba de él para ser hermoso.

Fin del Capítulo 30

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