Sheijuu. [Español]

Capitulo 24: Decisión.

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# Capítulo 24

## Decisión

Esa noche encendió un fuego pequeño. El primero desde hacía días.

Le costó más de lo que debería. Sus manos, todavía firmes para sostener una espada, temblaban al intentar algo tan simple como frotar dos piedras entre sí. La madera que encontró estaba seca, quebradiza, deshaciéndose casi en polvo entre sus dedos antes de que lograra amontonarla. Tardó varios intentos, chispas que morían apenas nacían, la frustración creciendo con cada una que se apagaba antes de tiempo, hasta que finalmente un pequeño resplandor naranja iluminó el espacio a su alrededor, ahuyentando la oscuridad que lo había acompañado durante todo el día.

No había comido desde hacía tres días. No recordaba con exactitud cuándo había dormido por última vez, y su cuerpo, a pesar de la regeneración que Majull le había explicado apenas semanas atrás, empezaba a sentir el peso acumulado de tanto tiempo sin descanso real. No era el mismo cansancio que el dolor de una herida, algo que la Escencia podía cerrar en minutos. Era otro tipo de agotamiento, más lento, más profundo, instalado en algún lugar que ninguna técnica parecía alcanzar.

Se llevó una mano al costado, donde todavía quedaba una cicatriz reciente, ya cerrada pero sensible al tacto, un recuerdo físico de la explosión que había puesto fin al Primordial. La piel ya no dolía, pero el gesto de tocarla se había vuelto costumbre, como si sus manos necesitaran comprobar, una y otra vez, que aquello había pasado de verdad y que él seguía entero al otro lado.

Permaneció sentado frente a las llamas, sin comer, sin dormir. Mirando el fuego. Sintiendo el calor en su rostro, el frío en su espalda, el silencio del bosque a su alrededor. El olor a humo se mezclaba con el de la tierra seca y el de los pinos, y el crujido de las llamas era el único sonido que rompía la quietud. En algún punto, sin darse cuenta, había dejado de parpadear, la mirada fija en el centro del fuego, como si esperara encontrar algo entre las brasas.

Majull esperó. Había aprendido, en las semanas que llevaban juntos, que Sheijuu pensaba mejor en silencio. Que las preguntas importantes llegaban solas cuando se les daba espacio. No las forzaba, no las apresuraba. Solo esperaba, acompañando desde dentro, ofreciendo su presencia sin exigir nada a cambio. Era un silencio que ya no era incómodo, sino familiar, como el de alguien que sabe cuándo hablar y cuándo no. Semanas atrás, aquel mismo silencio lo habría inquietado; ahora se había convertido en una de las pocas cosas estables en un mundo que no dejaba de cambiar de forma bajo sus pies.

El fuego crepitó dos veces, tres, marcando un tiempo que ninguno de los dos se molestaba en contar. Sheijuu pensó, sin ninguna razón concreta, en el sonido que había hecho el pilar la primera vez que lo escuchó, aquel latido lento y regular que había confundido con el viento. Pensó en el rostro de Shaara antes de que el Primordial lo destrozara todo. Pensó en el propio Primordial, en su indiferencia, en el instante final en que dejó de ser indiferente. Cada imagen llegaba y se iba, sin que él las llamara, como si el fuego mismo estuviera tirando de sus recuerdos uno por uno.

Y llegaron. Una a una, las preguntas que Sheijuu había estado evitando desde que salió de la dimensión.

—¿Qué eres exactamente? —preguntó, sin apartar la vista del fuego.

—Ya te lo expliqué —respondió Majull.

—No del todo.

Majull consideró eso. La llama tembló ligeramente, y una chispa se elevó hacia el cielo nocturno antes de apagarse en la oscuridad.

—Soy lo que quedó de algo que existió durante más de mil años —dijo finalmente—. Ahora soy parte de ti. Y tú eres parte de mí. Eso no va a cambiar. Aunque, con el tiempo, mi conciencia se irá. Mi capacidad para pensar y hablarte. En tu mente solo estarás tú, igual que antes.

—¿Cómo que te irás? —Sheijuu levantó la vista del fuego, buscando algo que no podía ver.

—No será un final abrupto, sino un proceso gradual. Como una gota de tinta que se disuelve en el agua: sigue ahí, en cierto sentido, pero ya no como algo que se pueda señalar y decir "esto es Majull".

—¿Y por qué? ¿Por qué tiene que pasar eso?

—Porque formaremos parte de un mismo ser. Mi mente se irá y quedará mi cuerpo, que será el tuyo, y que controlarás con tu mente. Míralo como un intercambio donde ambos ganamos.

—¿Dónde ambos ganamos? —preguntó Sheijuu, con un tono de incredulidad que apenas ocultaba el cansancio—. ¿Y qué ganarías tú, si te mueres?

—Yo no dije que moriría.

—¿Y qué quieres decir entonces con que tu mente se irá?

—Exactamente eso. Pero mientras tú estés vivo, yo también seguiré vivo. En algún lado, supongo.

—¿Supones?

—¿Te parece que esto me haya pasado otras veces? —preguntó Majull, con un dejo de ironía que Sheijuu reconoció como un intento de suavizar la conversación.

—No, verdad —dijo Sheijuu, y sintió un peso menor, como si el comentario de Majull hubiera cortado la tensión que se estaba acumulando—. Tienes razón. Disculpa.

Unos segundos de silencio. El fuego crepitó, y Sheijuu sintió el calor en sus manos, extendidas hacia las llamas sin saber bien por qué.

—¿Duele? —preguntó, después de un momento—. Cuando pasó. La fusión.

—¿Duele ahora, quieres decir?

—No. Entonces. Cuando ocurrió.

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Majull tardó en responder, y Sheijuu tuvo la sensación, no por primera vez, de que el guardián estaba buscando la forma más honesta de decir algo que no tenía traducción fácil. El fuego, mientras tanto, seguía su curso lento, la madera consumiéndose capa por capa, indiferente a la pausa en la conversación.

—No como tú entiendes el dolor —dijo finalmente—. Fue más parecido a que me arrancaran de un lugar donde llevaba mucho tiempo cómodo, sin previo aviso, y me metieran en otro completamente distinto, todavía sin terminar de construir. Incómodo. Extraño. No doloroso, pero tampoco fácil.

—¿Y ahora?

—Ahora ya no es tan extraño. Cada día que pasa se parece un poco más a estar en el lugar correcto.

—¿Y yo? —preguntó Sheijuu—. ¿Cómo se supone que se sienta esto, para mí?

—Tú lo sabes mejor que yo. Eres tú el que despierta cada mañana con más Escencia de la que tenía el día anterior. El que sana heridas que deberían haberlo matado dos veces. El que hace cosas con su cuerpo que no debería poder hacer todavía.

—A veces no me siento del todo yo.

—Eso es normal —dijo Majull, sin darle demasiada importancia, como si fuera un dato más entre tantos otros—. Y probablemente lo será durante un tiempo. Estás cambiando. No solo por fuera.

Sheijuu no preguntó nada más sobre eso. Prefirió dejarlo ahí, en el aire, junto al resto de las cosas que había decidido no examinar demasiado de cerca esa noche.

—¿Por qué no has preguntado por Kaider? —dijo Majull, después de un momento, con un tono que no pretendía sonar como una acusación, aunque terminara pareciéndolo de todas formas.

Sheijuu no respondió enseguida. El nombre, pronunciado en voz alta por primera vez desde hacía días, pesó más de lo que esperaba.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque no lo has mencionado. Ni una vez. Y sé que era importante para ti.

—Lo es.

—¿Entonces?

Sheijuu miró el fuego un largo rato antes de contestar, como si esperara que las llamas le ofrecieran una forma más fácil de decirlo.

—Lo vi salir volando. Cuando el Primordial estaba de frente al grupo. Kaider lo atacó, y el Primordial ni siquiera se molestó en mirarlo del todo. Solo movió la mano. Y Kaider atravesó los árboles como si fueran de papel. No se detuvo hasta perderse de vista.

—Eso no significa que muriera.

—Nadie sobrevive a eso, Majull. Nadie normal. Yo lo vi. La forma en que su cuerpo se dobló en el aire antes de desaparecer entre las ramas. No hubo grito. No hubo nada después. Solo silencio.

—Podrías haberlo buscado. Podrías buscarlo ahora.

—¿Para qué? ¿Para encontrar qué? —La voz de Sheijuu se endureció, no por rabia hacia Majull, sino hacia la propia pregunta—. No quiero encontrar su cuerpo. No quiero saber en qué estado quedó, cuánto tiempo tardó, si sufrió o si fue rápido. Prefiero no saberlo a tener que cargar con esa imagen el resto de mi vida.

Majull guardó silencio, dejando que la respuesta se asentara antes de continuar.

—Una vez —dijo Sheijuu, con la voz más baja, casi perdida entre el crujido de las llamas—, mucho antes de todo esto, Kaider me dijo algo. Estábamos de guardia, una noche tranquila, sin nada mejor que hacer que hablar de lo que pasaría si alguno de los dos no volvía. Me dijo que si él moría en batalla, no quería que yo fuera a buscar su cuerpo. Que lo dejara donde cayera. Que los buitres y los gusanos se encargaran de enterrarlo, que la tierra sabía hacer eso mejor que cualquier soldado con una pala. Dijo que no quería que yo tuviera que cavar una tumba más.

—¿Y le creíste?

—En ese momento pensé que solo estaba siendo dramático, como siempre. Ahora... —Sheijuu se detuvo, y el silencio que siguió dijo más que cualquier palabra que hubiera podido añadir—. Ahora creo que lo decía en serio. Y si lo decía en serio, entonces lo único que puedo hacer por él es no ir a buscarlo. Dejar que el bosque haga lo que él quería que hiciera.

—Eso suena más a una excusa que a un acto de respeto.

—Puede ser las dos cosas a la vez.

Majull no insistió esa noche en aquel tema, aunque la conversación quedó flotando entre ellos, sin resolverse del todo, de la misma forma en que el humo del fuego se quedaba suspendido un momento antes de disolverse en la oscuridad.

Sheijuu no dijo nada durante un rato, dejando que la respuesta se asentara junto al resto de las que ya había recibido esa noche.

—¿Hay algo que quieras hacer? —preguntó Majull, retomando la conversación con un tono más suave.

—No lo sé. —Sheijuu se quedó mirando las llamas un momento, sintiendo la calidez en su rostro—. ¿Qué puedes enseñarme?

—Muchas cosas.

—¿Cuáles?

El fuego crepitó, y una nueva llama se elevó en espirales antes de desvanecerse en la oscuridad. Sheijuu notó que Majull estaba considerando la pregunta con cuidado, como si estuviera eligiendo la respuesta que más necesitaba escuchar, no la que era más fácil de dar.

—Depende de qué quieras hacer.

Sheijuu miró las llamas durante un momento largo. Las imágenes de los días anteriores pasaron por su mente: el lecho seco del río, el ciervo agonizante, los ojos de Shaara mirándolo desde el suelo, el cuerpo inmóvil bajo sus manos. Y sintió que, por primera vez desde que había comenzado a caminar, estaba realmente despierto.

—Antes dijiste Primordiales en plural —dijo finalmente.

Majull no respondió.

—Eso quiere decir que hay más.

Silencio. El fuego seguía ardiendo, indiferente al peso de la conversación que estaba ocurriendo a su alrededor.

—Sí —confirmó Majull—. Hay más. Muchos más. Algunos más fuertes que el que mataste. Algunos mucho más fuertes. Y otros que ni siquiera puedo imaginar todavía.

Sheijuu levantó la vista del fuego. Sus ojos negros, con la única grieta del Vacío todavía visible, se fijaron en la oscuridad más allá de las llamas.

—Enséñame a matarlos.

La frase salió sin adornos, sin grandilocuencia, sin dramatismo.

Majull no respondió de inmediato. Sheijuu sintió que el guardián estaba procesando la frase, sopesando su peso, entendiendo que era una decisión que cambiaría el curso de su vida. Cuando finalmente habló, su voz tenía un tono distinto, más serio, el de alguien que comprende exactamente lo que se está pidiendo.

—Eso no es algo que se aprenda en un día. Ni en un mes. Necesitarás tiempo, y paciencia, y estar dispuesto a fracasar muchas veces antes de empezar a entender cómo funciona realmente.

—Lo sé.

—Y necesitarás entender que no todos los Primordiales son iguales. Algunos son más débiles que el que mataste. Otros son mucho más fuertes. Y no siempre vas a poder distinguir la diferencia hasta que sea demasiado tarde.

—Mmm...

—Y una vez que empieces, no podrás detenerte. No porque no quieras, sino porque ellos no te van a dejar. Una vez que sepan que existes, te buscarán.

Sheijuu miró el fuego. Las llamas bailaban, iluminando su rostro con destellos naranjas que se movían al ritmo del viento nocturno.

—No me importa.

Majull guardó silencio durante varios segundos.

—Bien —dijo finalmente—. Empezamos mañana.

El fuego siguió ardiendo, más bajo ahora, las llamas cediendo terreno a un lecho de brasas que respiraba luz naranja con cada golpe de viento. Sheijuu no se movió de su sitio. Miró el cielo un momento, la misma noche estrellada que llevaba acompañándolo desde que había salido de la dimensión, y pensó, sin poder evitarlo, en Shaara. En lo que habría dicho ella de todo esto, de un guardián dormido hablando dentro de su cabeza, de una decisión que ya no tenía marcha atrás. No llegó a ninguna respuesta. Solo la certeza, tranquila y fría, de que ella habría entendido de todas formas.

El fuego terminó por apagarse solo, sin que Sheijuu hiciera nada por avivarlo. La última brasa se apagó con un chisporroteo apenas audible, y la oscuridad se cerró sobre el lugar con la misma naturalidad con la que había llegado la luz horas antes. Sheijuu no sintió miedo de esa oscuridad, por primera vez desde hacía días. Y en la oscuridad que quedó, con el bosque en silencio a su alrededor y Majull callado dentro de él, Sheijuu sintió que, por primera vez en días, había encontrado algo a lo que aferrarse.

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**Fin del Capítulo 24.**

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