Sheijuu. [Español]
Capitulo 28: Lo que es fácil hoy.
# Capítulo 28
## Lo que es fácil hoy
La tormenta llegó al tercer día. No con aviso lento, como las que recordaba de Sadoku, donde el cielo se oscurecía durante horas antes de que cayera la primera gota. Esta llegó rápido. El cielo se cerró en menos de una hora, las nubes se apilaron unas sobre otras hasta formar una masa gris casi negra, y el viento empezó a arrancar hojas de los árboles cercanos a la playa donde Sheijuu había vuelto a acampar. El mar, antes calmado, comenzó a agitarse en olas cada vez más altas, y el sonido del viento se convirtió en un silbido constante que parecía atravesar todo el espacio.
—Esto no es normal —dijo, observando cómo las olas rompían contra la orilla con una violencia que no había mostrado antes.
—No para tu definición de normal —respondió Majull—. Para este planeta, probablemente sí lo es.
Sheijuu se puso de pie. Y entonces escuchó el bramido. No el mismo de los días anteriores, pausado, casi melódico. Este era distinto. Agudo. Repetido. Con una urgencia que no necesitaba traducción. Corrió hacia la orilla, abriéndose paso entre la vegetación que la tormenta ya empezaba a sacudir con violencia, sintiendo las ramas mojadas golpear su rostro y la arena volar en todas direcciones. Y lo vio.
El canal entre las dos islas, el mismo donde había observado a la manada días atrás, se había vuelto una trampa. La marea, empujada por la tormenta, se había retirado más de lo normal en cuestión de minutos, dejando varadas a varias de las criaturas más jóvenes en una franja de arena y roca que el agua, normalmente, cubría por completo. Tres de ellas. Atrapadas entre dos elevaciones rocosas, incapaces de regresar al agua profunda por sí mismas, mientras las olas, cada vez más violentas, golpeaban sus cuerpos varados sin la profundidad necesaria para que pudieran nadar de vuelta. El resto del grupo permanecía cerca, en aguas más profundas, bramando sin poder hacer nada. Algunas de ellas se acercaban, intentaban empujar a las atrapadas, pero la corriente era demasiado fuerte y la arena demasiado inestable.
Sheijuu se quedó inmóvil un segundo. Solo uno.
—Puedo moverlas —dijo, más para sí mismo que para Majull.
—Con Escencia sería sencillo.
—Vamos a intentarlo.
Bajó hasta la franja de roca, sintiendo el agua fría golpearle las piernas con cada ola. La criatura más cercana, apenas del tamaño de un bote pequeño comparada con los adultos, pero igualmente más grande que él, se agitaba con desesperación, golpeando la roca con su cola sin lograr liberarse. Sus ojos, grandes y oscuros, reflejaban el miedo de una forma que Sheijuu reconocía.
Se acercó. Despacio. Con las manos abiertas, visibles, de la misma forma en que se acercaría a un animal asustado en Sadoku.
—Tranquila.
No esperaba que lo entendiera. Pero algo en su tono, o quizás en la ausencia de amenaza en su postura, hizo que la criatura dejara de agitarse con la misma violencia. Sheijuu apoyó ambas manos contra el costado del animal, sintiendo la piel áspera, fría por el agua, vibrando con cada respiración agitada. La Escencia por sí sola no serviría de nada ahí, era solo energía en bruto, inútil sin una forma que la canalizara. Pensó en el viento que ya azotaba la playa, y dejó que la Escencia tomara esa forma entre sus manos: una corriente de aire comprimido, empujando contra el costado del animal con la fuerza de una ola invisible.
El cuerpo se deslizó de inmediato. No medio metro. Varios metros de una sola vez, deslizándose sobre la arena mojada como si no pesara nada, hasta quedar completamente a flote en aguas más profundas. Sheijuu se quedó mirando sus propias manos un instante, notando el hueco pequeño que la técnica había dejado en su reserva de Escencia, un gasto real, perceptible, pero tan menor que apenas merecía la pena contarlo.
La criatura nadó de inmediato, sin mirar atrás, reuniéndose con el resto del grupo que esperaba más allá del canal. Sheijuu no tuvo tiempo de descansar, aunque tampoco lo necesitaba. Las otras dos seguían atrapadas. Se acercó a la segunda, más grande, más pesada, atascada en un ángulo que no permitía aprovechar el empuje de las olas ni el mismo truco del viento; su cuerpo estaba encajado entre dos salientes de roca demasiado próximas entre sí.
Sheijuu se arrodilló junto a la base de una de las rocas, apoyando la palma directamente contra la piedra mojada. En vez de empujar al animal, empujó la roca misma, dejando que la Escencia se filtrara en las grietas naturales de la piedra y la desplazara hacia un lado, apenas un palmo, lo justo para abrir el espacio que la criatura necesitaba. La roca cedió con un crujido grave, hundiéndose parcialmente en la arena empapada, y el animal, sintiendo de pronto que ya no estaba atrapado, se impulsó por sí mismo hacia el agua abierta.
—Eso ha sido... —empezó a decir, sin terminar la frase.
—Rápido —completó Majull.
Stolen from NovelPhoenix, this story should be reported if encountered on Amazon.
—Sí. Y no me costó mucho más que la primera.
La tercera era la más pequeña, y la más asustada. Se había metido en una grieta estrecha entre dos rocas, intentando escapar de las olas que la golpeaban, quedando todavía más atrapada en el proceso. Sheijuu se metió parcialmente en la grieta junto a ella, sintiendo el agua subir hasta su pecho con cada ola, hablándole en voz baja sin esperar respuesta, simplemente porque el sonido de su voz parecía calmarla un poco.
—Vamos. Solo un poco más.
Formó otra corriente de aire, más contenida esta vez, calculando el espacio estrecho de la grieta para no lastimarla contra la roca al empujarla. El cuerpo se deslizó hacia la única salida posible casi sin resistencia. La vio alejarse, nadando con torpeza hacia el resto del grupo, antes de desaparecer entre las olas grises.
Sheijuu se quedó de pie sobre la roca, empapado, pero lejos de exhausto, esperando que la tormenta empezara a ceder ahora que las tres criaturas estaban a salvo. No cedió. El viento, en cambio, arreció con más fuerza que antes, arrastrando ramas enteras desde la vegetación cercana, y las olas que golpeaban el canal se volvieron todavía más violentas, levantando cortinas de espuma que le llegaban hasta el pecho. El cielo, ya oscuro, se cerró un poco más, y un trueno lejano retumbó sobre el agua.
—Esto va a peor —dijo Sheijuu, por encima del viento.
—Sí. Pero ya no importa. Ellas están fuera de peligro.
Tenía razón. El resto de la manada, con las tres crías ya de vuelta entre ellos, se había alejado hacia aguas más profundas, donde la tormenta apenas parecía afectarlos. Sheijuu retrocedió hacia la vegetación, abriéndose paso contra el viento que ahora empujaba en dirección contraria, buscando refugio bajo un saliente de roca lo bastante alto para protegerlo de la peor parte de la lluvia, que había empezado a caer en láminas gruesas, casi horizontales.
Se sentó bajo la roca, con la espalda apoyada contra la piedra fría y la lluvia golpeando el suelo apenas un paso más allá de donde alcanzaba a protegerlo. El sonido era ensordecedor, un tamborileo constante que se mezclaba con el rugido del viento y el estruendo distante de las olas rompiendo cada vez más alto contra la orilla.
—Eso fue más fácil de lo que esperaba —dijo, finalmente, todavía con la vista puesta en sus propias manos.
—Hace unos meses te habría costado la tarde entera. Y probablemente alguna lesión en el hombro.
—Lo sé. No sé si eso me tranquiliza o me preocupa un poco.
—¿Por qué habría de preocuparte?
Sheijuu no respondió enseguida. Observó la lluvia caer más allá del refugio, gruesa, casi sólida en su intensidad, mientras a lo lejos todavía podía distinguir, entre relámpagos que iluminaban el canal por fracciones de segundo, las siluetas oscuras de la manada moviéndose hacia mar abierto.
—Porque hace unos meses, esto habría sido un esfuerzo real —dijo—. Algo que recordaría durante días, con los brazos doloridos como prueba. Ahora sé que gasté algo. Lo sentí, las tres veces. Pero fue tan poco que ni siquiera vale la pena hablar de ello.
—Eso también deberías tenerlo presente —dijo Majull, con una seriedad que no era habitual en él—. No solo lo que puedes hacer ahora. Sino con qué facilidad se te está olvidando lo que costaba antes.
—¿Y eso es malo?
—No necesariamente. Pero es algo que hay que vigilar. La fuerza que llega demasiado rápido tiende a hacer que la gente deje de medirla.
Sheijuu no respondió a eso enseguida. Se quedó mirando la lluvia, pensando en la facilidad con la que había desplazado la roca, en la corriente de aire que había servido tanto para empujar a una criatura asustada como, en otras circunstancias, podría haber servido para herir a alguien. La misma técnica. El mismo gesto. La diferencia estaba solo en la intención, y eso, de pronto, le pareció una línea más delgada de lo que le hubiera gustado admitir.
—¿Tú sentías esto? —preguntó—. Cuando eras solo tú.
—No, yo tuve toda mi fuerza desde el principio. La experiencia fue lo que hizo la diferencia en mí. Pero la fuerza, cuando crece rápido, siempre viene acompañada de esa misma pregunta.
—¿Y conoces a alguien que llegase a alguna respuesta?
—Si, pero no una que sirva para todos los casos. El solo aprendió a prestar atención cada vez que algo le resultaba demasiado fácil. Ese fue su método. No sé si sea el mejor, pero es el único que tengo para ofrecerte.
Sheijuu asintió, aunque sabía que Majull no podía verlo, probablemente. La tormenta seguía descargando su fuerza contra la costa, sin señales de ceder, y el frío empezaba a colarse bajo su ropa empapada, pero por primera vez en mucho tiempo no sintió la urgencia de moverse, de hacer algo, de resolver un problema más. Se quedó ahí, escuchando la lluvia, dejando que el sonido llenara el espacio que normalmente ocupaban sus propios pensamientos.
Pasó gran parte de la noche bajo aquel refugio de roca, viendo cómo los relámpagos iluminaban el mar embravecido en destellos breves, cada uno revelando una imagen distinta: olas rompiendo contra los acantilados, la vegetación doblada casi hasta el suelo, el cielo entero convertido en una masa de nubes que giraban sobre sí mismas sin ninguna dirección clara. No era un espectáculo cómodo, pero tenía una belleza áspera, indiferente, que Sheijuu había empezado a reconocer en casi todos los planetas que visitaba: la naturaleza no necesitaba ser amable para ser hermosa.
La tormenta no amainó hasta bien entrada la madrugada, mucho después de que Sheijuu hubiera dejado de prestarle atención, adormilado a ratos contra la piedra fría, despertando cada vez que un trueno más cercano que los anteriores sacudía el aire. Cuando finalmente abrió los ojos por última vez, la luz gris del amanecer se filtraba entre nubes que empezaban, apenas, a deshacerse.
—Sigue ahí —dijo, refiriéndose al bramido lejano que llegaba desde el canal, más calmado que la noche anterior.
—Siempre estuvieron a salvo —respondió Majull—. Desde el momento en que las sacaste de la roca.
Sheijuu salió del refugio, sintiendo el frío de la mañana contra la piel todavía húmeda, y caminó hacia la orilla una vez más. El canal, ahora tranquilo, mostraba apenas los restos de la violencia de la noche: ramas arrastradas hasta la arena, algas depositadas en franjas irregulares donde el agua había alcanzado su punto más alto, la roca desplazada por su propia técnica todavía marcando el lugar exacto donde había liberado a la segunda criatura.
Esa noche, mientras el cielo se despejaba por completo y las estrellas volvían a aparecer una por una, escuchó, a lo lejos, el mismo bramido pausado y melódico de los primeros días. La manada, completa de nuevo, continuando su ruta entre las islas.
Fin del Capítulo 28
If you find any errors (non-standard content, ads redirect, broken links, etc..), Please let us know so we can fix it as soon as possible.
ReportUse arrow keys (or A / D) to PREV/NEXT chapter
Loading comments…